Queridos bloguer@s, nunca pensé que este trabajo me aportaría tanta anécdotas divertidas. Cuando hace un año, un viérnes cualquiera, después de terminar con mi jornada laboral, tomarme algo con los compañeros y llegar a casa por la noche, me encontraba soplando en un control de alcoholemia, en mi coche, sólo habían escrituras, expedientes hipotecarios... sin embargo ahora ya sabéis lo que hay.
De igual manera, mi casa parece un museo de vibradores, bolas chinas, velas aromáticas, esposas de fantasía, antifaces de satén...mi familia y amigos ya están acostumbrados, y para mi es algo natual ver en la estantería al lado de la televisión un vibrador conectado a la red eléctrica. Pues bien, cuando pensé que nada más podia superar a "Control de alcoholemia con Darth Vader" llega el "Antenista", síiiiiiiiiiii, me pongo en tu situación y pensaría ¡no es posible! ¡venga ya!, pero es cierto y más cuando pasas de tener la mesa del salón llena de expedientes, operaciones super urgentes para firmar al día siguiente, herencias en las que se discute por un autoretrato de un "culo" (¿verdad chicas GA?), a tener un montón de catálogos de "penes vibradores" a cual más grande, colorido, funcional, a pilas, a luz...
El otro día llegaba a mi casa después de una larga jornada laboral, a eso de las 21:30 horas, en mi descansillo se encontraban dos hombres toqueteando el cajetín de la antena de la televisión que curiosamente se encuentra justo al lado del cerco de mi puerta. Llevo 15 días sin poder ver ni un solo canal, y lo primero que pensé fue ¡ya era hora! ¡por fin!, ¿a estas horas?, pero en fin, allí estaban; los hombres muy simpaticos me dijeron que pusiera la televisión y comprobara que canales se veían y cuales no. Cuando entré en mi casa me percaté del desorden que acuñaba con fuerza a mitad de semana (ya que todo hay que decirlo, la limpieza más profunda la dejo para el fin de semana), ropa que me había probado por la mañana por las sillas, zapatos... mientras mi pareja se dedicó a buscar canales como un loco (que nunca aparecieron), yo recogía como podía aquel desorden, y los antenistas desde la puerta: ¡se ve ya!, desde dentro: ¡nooooo!, desde fuera: ¡prueba ahora!, y yo mientras con mi cansancio de tacones, de un lado para otro, y lo peor de todo es que lo veía venir. Ni cortos ni perezosos los dos señores invadieron mi morada de la forma más directa y poco sutil que os podaís imaginar, pero la cosa no quedo ahí ¡nooooooo!, no se de donde apareció ese vecino que todos tenemos, aquel que sabe todos los lios de la comunidad, seguidamente la de abajo, que tampoco veía la caja tonta. También se unió a la fiestecita otro vecino que no había visto en mi vida, y el de enfrente, por supuesto. Allí estaban todos, en mi salón, que si se ve, que si no se ve, que de donde viene el cable... cuando de repente mi gata, o mejor dicho "ese gato del diablo" como dicen mis amigos, después de un largo día de soledad que seguramente pasaría durmiendo al sol y sombra, en vez de asustarse como hacen otros gatos, ya que la casa estaba llena de gente, o de recibirnos mimosamente como hace otras veces, ¡nooooooo! tuvo que ponerse a jugar con una bola china, ¡impresionante! después de todos los juguetes que le he comprado y a los que no ha hecho ni aprecio, ¡tuvo que coger mi bola china de color turquesa!, y menudas carreras se daba. Los que teneís gatos seguro que me entenderéis, porque cuando traes algo nuevo a casa por pequeño que sea y aunque lo escondas, lo encuentran, no sé como lo hacen pero lo hacen. Así que nuevamente situación comprometida, cara de pocker, y los vecinos ¡ay que gata tan mona! ¡mira como juega!. Claro, para desviar la atención rapidamente dije: ¡uy parece que se ve algo!, mentira pura y dura, a estas alturas todavía sigo sin tele, pero bueno funcionó para desviar la atención y darme tiempo a quitarle la bolita al bicho que tengo por mascota (y a la que adoro, por otra parte) y esconder la caja llena de los pedidos del fin de semana para repartir.
Así que ya he encontrado una utilidad más a las bolas chinas, además de ser terapéuricas, sexuales..., ahora son el perfecto juguete para mi gata.
PD: no hay quien le quite la bola a la susodicha, duerme hasta con ella.






